Nuestro Manifiesto
Nuestro propósito
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Nuestro propósito
Permitir que un hijo use WhatsApp no debería significar abrirle una puerta y esperar que sepa manejar solo los conflictos, la exclusión, los reenvíos o la presión grupal. Por eso el camino lógico es utilizar una cuenta parental para acompañarlo en el proceso y así lograr que sea un cambio gradual. Porque la autonomía digital no aparece automáticamente con la edad: se construye cuando el adolescente practica habilidades, demuestra responsabilidad y sabe cómo y cuándo pedir ayuda.
Bienestar Digital
Mundo Digital
Septiembre 21, 2026
Daniel Halpern
PhD en ciencias de la comunicación

“Todos mis compañeros tienen WhatsApp”. Pocas frases generan tanta presión en los padres. Sabemos que “todos” rara vez significa realmente todos, pero también entendemos que, cuando buena parte de la vida social del curso ocurre en un grupo, quedar fuera puede tener consecuencias reales.
Si le damos acceso, tememos que no esté preparado para enfrentar burlas, exclusiones, fotografías compartidas sin permiso o mensajes de desconocidos. Si se lo negamos, nos preocupa aislarlo de sus compañeros. El problema fue que durante mucho tiempo tratamos esta decisión como algo binario: tiene WhatsApp o no lo tiene. Existe una tercera alternativa: que aprenda a utilizarlo acompañado.
Entregar la aplicación no significa estar preparado
Saber enviar mensajes no significa saber comunicarse. Un preadolescente puede aprender rápidamente a crear un grupo, reenviar un audio o compartir una imagen. Lo que todavía está desarrollando es la capacidad de anticipar consecuencias, resistir la presión grupal y detenerse antes de participar en una burla.
Muchos conflictos comienzan con un sticker, una captura de pantalla o una frase aparentemente inocente: “saquémoslo del grupo”. Y como el teléfono acompaña al niño hasta su casa, el problema tampoco termina al salir del colegio. Entregar WhatsApp no significa solamente instalar una aplicación. Es abrir la puerta a una nueva vida social que requiere formación. De hecho, diversos estudios han indicado, como el que publicaron los académicos Dana Aizenkot y Gabriela Kashi, que tres de cada diez estudiantes han sufrido cyberbullying en grupos de WhatsApp del curso.
Proteger sin espiar
Frente a estos riesgos, algunos padres sienten que deberían revisar todas las conversaciones. Otros temen que hacerlo destruya la confianza. Los niños necesitan protección, pero también un espacio de intimidad progresiva. Si saben que cada mensaje será leído, probablemente aprenderán a esconder sus conversaciones. La pregunta no es si debemos controlarlo todo o no controlar nada, sino cómo acompañar sin invadir.
En marzo de 2026, WhatsApp comenzó a implementar gradualmente cuentas administradas por padres para preadolescentes. Estas permiten controlar quién puede comunicarse con el menor, revisar solicitudes de contactos desconocidos, administrar su ingreso a grupos y ajustar ciertas opciones de privacidad.
Existe un límite importante: los padres no pueden leer las conversaciones, que permanecen protegidas por cifrado de extremo a extremo. WhatsApp, “Cuentas administradas por padres”. La herramienta busca precisamente eso: ofrecer protección sin transformar el acompañamiento en vigilancia permanente.
Supervisar como las ruedas de apoyo
Cuando un niño aprende a andar en bicicleta, no esperamos que descubra solo cómo mantener el equilibrio. Pero tampoco dejamos las ruedas de apoyo para siempre. Las cuentas administradas pueden cumplir una función similar: reducir algunos riesgos mientras el hijo desarrolla las habilidades necesarias para actuar con mayor autonomía.
Antes de activar la cuenta, conviene conversar sobre situaciones concretas: ¿Qué harías si comparten una fotografía vergonzosa de un compañero? ¿Se puede reenviar un audio privado porque resulta divertido? ¿Qué debes hacer si un desconocido intenta contactarte?
No basta con decir lo que se puede o no se puede hacer, debemos contribuir a la construcción de criterios: por qué no es sano compartir contenido ajeno sin permiso, el impacto que tiene en convivencia participar en grupos creados para burlarse, la relevancia de no responder a desconocidos y pedir ayuda frente a amenazas, y el acostumbrarse a hablar con los padres para después atreverse a conversar sobre presiones o secretos impuestos. La preparación digital consiste en ensayar decisiones antes de tener que tomarlas bajo presión.
Preguntar por las relaciones, no leer los mensajes
La tecnología puede mostrar quién intenta contactar al niño, pero no explica cómo se están tratando dentro del grupo. Para conocer eso necesitamos conversar: “¿Cómo se están tratando?” “¿Alguien está quedando fuera?” “¿Has sentido presión para reenviar algo?” “¿Qué harías si comenzaran a molestar a un compañero?”
Estas preguntas trasladan el foco desde la vigilancia hacia la convivencia. No necesitamos conocer cada palabra que escribió nuestro hijo, pero sí saber si cuenta con criterios y siente que puede pedirnos ayuda sin perder inmediatamente el teléfono.
La autonomía también consiste en pedir ayuda
Un hijo no es autónomo porque nunca se equivoca, sino porque sabe reconocer un problema, reparar el daño y buscar apoyo antes de que la situación crezca. Por eso la supervisión debería reducirse según las habilidades demostradas, no solamente por la edad. Si protege su información, respeta la privacidad de otros y sabe retirarse de una conversación dañina, se pueden ampliar gradualmente sus permisos.
Si aparecen amenazas, exclusión persistente, contactos desconocidos o cambios emocionales importantes, será necesario volver a acompañar más de cerca. Una cuenta administrada puede limitar algunos riesgos, pero no puede enseñar empatía ni conseguir que un hijo quiera contarnos lo ocurrido. Para eso todavía no existe ningún filtro parental.
Dar acceso a WhatsApp no debería significar dejarlo solo. Supervisar tampoco debería implicar leer cada conversación. Entre el control total y la libertad absoluta existe un espacio más educativo: acompañar, conversar y entregar autonomía a medida que aprende a utilizarla. Porque la autonomía digital no viene incluida con el teléfono. Se aprende. Y al comienzo, se aprende acompañado.

PhD en Information and Communication Sciences, director del Magíster en Comunicación Estratégica UC, reconocido charlista y autor del libro El poder de la conexión. Con una sólida trayectoria en investigación sobre el impacto de la tecnología en la convivencia y las relaciones humanas, aporta una mirada profunda y actualizada al fenómeno de la crianza digital.