Nuestro Manifiesto
Nuestro propósito
Nuestro Manifiesto
Nuestro propósito
Sí, al principio parece una tontera. Uno escucha que los adolescentes hablan de ganar o perder “puntos de aura” y piensa que cada generación viene peor. Despotricar sale natural. Sin embargo, detrás de esta expresión aparece algo más profundo: la preocupación por la imagen, la pertenencia, el prestigio y la vergüenza. ¿Debemos tomar en serio las tendencias adolescentes o reírnos de ellas? Los invitamos a entender cómo están interpretando su mundo social.
Bienestar Digital
Mundo Digital
Septiembre 21, 2026
Daniel Halpern
PhD en ciencias de la comunicación

“Estoy farmeando aura”. Si escucha algo así, probablemente su primera reacción sea pensar que se trata de otra expresión absurda que desaparecerá en algunas semanas. Y sí, es verdad, puede que desaparezca. Pero vale la pena detenerse antes de descartarla.
Porque las palabras que utilizan los adolescentes no son solamente modas. También pueden funcionar como pequeñas ventanas hacia sus preocupaciones, sus códigos y la manera en que interpretan las relaciones con los demás.
¿Qué significa “farmear aura”?
“Farmear” proviene de los videojuegos y significa realizar acciones para acumular recursos o puntos. El “aura”, en cambio, representa una especie de prestigio imaginario: la capacidad de parecer seguro, interesante o admirable frente a otros.
Por lo tanto, “farmear aura” consiste en hacer algo que permita ganar reconocimiento social. Puede ser destacar en un deporte, mantener la calma en una situación difícil o hacer algo llamativo sin aparentar demasiado esfuerzo. La expresión se hizo popular en redes sociales como una manera humorística de describir las conductas que aumentan —o disminuyen— el atractivo y el estatus de una persona.
También se puede “perder aura”: equivocarse frente al curso, intentar llamar demasiado la atención o protagonizar una situación considerada vergonzosa. Los puntos no existen y las reglas cambian según el grupo. La mayor parte del tiempo se utiliza como una broma. Pero la preocupación que representa es bastante real.
Una forma nueva de hablar sobre algo antiguo
Los adolescentes siempre han intentado comprender qué comportamientos entregan prestigio, cuáles permiten pertenecer y cuáles pueden terminar en vergüenza. La diferencia es que ahora resumen esos juicios sociales mediante un marcador imaginario.
La idea del aura también refleja una tensión propia de esta etapa: querer ser reconocido sin parecer desesperado por conseguirlo. Tener confianza suma puntos; esforzarse demasiado por parecer interesante puede restarlos. Hay que destacar, pero aparentando naturalidad.
Las redes sociales refuerzan esta lógica. Los jóvenes viven rodeados de likes, visualizaciones, comentarios y seguidores que convierten la atención en cifras. Los “puntos de aura” pueden entenderse como una versión irónica de ese mismo sistema aplicada a la vida cotidiana.
El riesgo: confundir reconocimiento con valor
Querer ser reconocido es humano. El problema aparece cuando comenzamos a depender de esas reacciones para saber cuánto valemos. Los likes y las visualizaciones pueden indicar cuánto interés generó una publicación, pero no miden la calidad de una persona ni todo lo que puede aportar. No muestran necesariamente su capacidad de escuchar, cuidar a un amigo, perseverar, crear, aprender o actuar correctamente cuando nadie está mirando.
Por eso, además de ayudar a nuestros hijos a comprender cómo son vistos, necesitamos ayudarlos a descubrir qué pueden entregar. Que sean capaces de responder no solo “¿cuántos puntos de aura gané?”, sino también “¿qué valor aporto, a pesar que nadie me vaya a aplaudir?”.
Tener esa claridad permite que el reconocimiento sea agradable, pero no indispensable. Un joven que conoce sus capacidades, sus valores y aquello que entrega a los demás no necesita que cada acción sea validada por una audiencia. El desafío es que construya una identidad que pueda sostenerse incluso cuando no llegan likes, views ni comentarios.
En vez de corregir la palabra, exploremos su significado
Podemos reírnos con ellos sin reírnos de ellos. No es necesario comenzar a utilizar la expresión ni demostrar que entendemos todas las tendencias. Basta con mostrar curiosidad: “¿Qué hizo esa persona para ganar aura?” “¿Qué cosas hacen perderla?” “¿Defender a alguien suma o resta puntos?” “¿Qué haces bien, aunque nadie lo vea?”
Las respuestas permiten conocer qué conductas valora el grupo, qué situaciones producen vergüenza y cuánto depende su valoración de la mirada de los demás. También abren una oportunidad para cuestionar algunas reglas. Si humillar a alguien entrega prestigio, si mostrar tristeza se considera una debilidad o si reconocer un error hace perder puntos, podemos ayudarlos a distinguir entre ser admirado y realizar un aporte verdadero.
Cuando la broma comienza a pesar
Hablar de aura no es, por sí mismo, una señal de alarma. Generalmente es parte del humor y del lenguaje compartido entre pares. Conviene prestar mayor atención cuando el temor a “perder aura” impide participar, pedir ayuda, mostrar afecto o reconocer una equivocación. También cuando se utiliza para humillar, excluir o convertir un momento incómodo en una etiqueta permanente.
Ahí podemos recordarles que una situación vergonzosa no define su valor. La verdadera seguridad no consiste en no equivocarse, sino en saber quién se es y qué se puede aportar incluso después de una equivocación. Quizás “farmear aura” sea una tontera pasajera. Pero la necesidad de pertenecer y ser valorado nunca lo ha sido.
Por ello, el mensaje al final estas conversaciones y la conclusión que las debería guiar, es que el aura, nos guste o no nos guste, siempre va a depender de la mirada de los demás. El valor personal, en cambio, no debería desaparecer cuando la audiencia deja de mirar.

PhD en Information and Communication Sciences, director del Magíster en Comunicación Estratégica UC, reconocido charlista y autor del libro El poder de la conexión. Con una sólida trayectoria en investigación sobre el impacto de la tecnología en la convivencia y las relaciones humanas, aporta una mirada profunda y actualizada al fenómeno de la crianza digital.