Nuestro Manifiesto
Nuestro propósito
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Nuestro propósito
Durante mucho tiempo, hemos debatido sobre las redes sociales en las que habitan nuestros jóvenes, Facebook, Instagram, X, Tiktok se unen en un cuestionamiento permanente por el impacto en la salud mental, la convivencia y la hiper conexión digital.
Bienestar Digital
Mundo Digital
Julio 14, 2026
Marcela Momberg
Educadora Digital y especialista en Convivencia Digital

Hoy que se debate a nivel mundial la prohibición de acceso a un límite etario y que en Chile se sigue la misma senda ¿Son esas redes sociales, los espacios digitales en los que existen? La respuesta es no, es mucho más amplio. Y es fundamental comprenderlo porque sólo se protege lo que se comprende.
La pregunta, por tanto, ya no es cuánto tiempo permanecen conectados. La pregunta decisiva es otra, ¿que encuentran en esas redes y cómo las estrategias propias de los modelos de negocios impactan en su existencia digital? Lo existencial es centrarnos en la función, vínculo y riesgo: qué busca el adolescente ahí, con quién se relaciona, qué emociones activas y qué impacto tiene en ellos.
UNICEF recomienda que las familias no solo establezcan límites etarios sino que acompañen el uso digital de manera equilibrada, segura y adecuada a la edad. Porque YouTube, TikTok, Instagram y Snapchat siguen siendo espacios centrales de presencia adolescente, no simples entretenciones aisladas. Forman ecosistemas donde crean comparten, migran (donde ingresa un adulto emerge un joven). Pero también impactan en su salud mental, convivencia, por nombrar sólo algunos.
Vamos a detenernos en una de las razones que explican su existencia:
La necesidad de pertenecer.
La adolescencia siempre ha sido una búsqueda de pertenencia. El joven comienza a separarse simbólicamente de su familia, observa a sus pares y trata de descubrir dónde puede ser aceptado.
Las redes sociales multiplicaron las posibilidades de encontrar ese lugar.
Un adolescente puede descubrir una comunidad vinculada con la música, el deporte, los videojuegos, la literatura, la estética, el humor, una causa social o una experiencia emocional que no logra compartir en su colegio. Allí encuentra personas que hablan su mismo lenguaje y que parecen comprender aspectos de su vida que los adultos cercanos todavía desconocen.
Esa pertenencia puede ser profundamente positiva. Las plataformas pueden favorecer la expresión, la conexión y el acceso a comunidades de apoyo, especialmente para jóvenes que se sienten aislados o diferentes en sus contextos presenciales. UNICEF reconoce que los espacios digitales pueden ofrecer oportunidades reales de conexión, aprendizaje, participación y acompañamiento.
Pero existe una tensión que no podemos ignorar: esa necesidad humana de pertenecer se desarrolla dentro de plataformas diseñadas para mantener la atención.
El joven busca una comunidad. La plataforma busca que no se vaya.
La diferencia entre pertenecer y ser retenido es fundamental.
La pertenencia responde a una necesidad emocional: “Quiero estar aquí porque estas personas me comprenden”.
La retención responde a una estrategia de diseño: “Debemos conseguir que continúe mirando, reaccionando y regresando”.
Las redes sociales no son espacios neutrales. La mayoría incorpora un scroll infinito, reproducción automática, notificaciones permanentes, recompensas variables y recomendaciones personalizadas. Estas funciones reducen los momentos naturales en los que una persona podría detenerse y decidir conscientemente si desea continuar.
En febrero de 2026, la Comisión Europea comunicó preliminarmente que el diseño de TikTok podía infringir la Ley de Servicios Digitales por características como el desplazamiento infinito, la reproducción automática, las notificaciones y un sistema de recomendación altamente personalizado. La misma evidencia fue levantada por diferentes instituciones.
El adolescente puede creer que está eligiendo libremente cada video. Sin embargo, cada elección alimenta un sistema que aprende rápidamente qué contenido logra detenerlo, sorprenderlo, indignarlo, emocionarlo o inquietarlo.
La plataforma no necesita conocerlo como lo conoce su familia. Le basta con reconocer sus patrones. Y en base a ello, genera cámaras de eco.
¿Qué hacer desde las familias?
1.- Preguntar permanentemente: ¿Te hace reír?”, “¿te compara?”, “¿te presiona?”, “¿te educa?
2.- Identificar sus espacios digitales
Hacer juntos una lista: juegos, grupos, cuentas favoritas, chats, IA que usa, comunidades.
3.- Acodar reglas con sentido
No solo horarios: también privacidad, desconocidos, capturas, lenguaje, sueño y pausas.
4.- Crear confianza y establecer lazos
El adolescente debe saber que puede pedir ayuda sin que la primera respuesta sea castigo.

Docente, conferencista y autora de Huérfano Digital y Educando a futuros líderes. Con amplia experiencia trabajando con madres, padres y comunidades educativas en Chile y Latinoamérica, se ha especializado en ciudadanía digital y prevención de vicios digitales , acompañando a familias y colegios desde el uso ético y crítico, creando estrategias pedagógicas que unen familias y comunidades educativas Lidera estrategias de prevención frente al Impacto de la #IA